Cuento del bambú y el helecho

Cuento del bambú y el helecho


Akira llegó un día en el que se dio por vencido… Estaba pasando una etapa triste, de angustia y enfado, una amalgama de emociones que le empujó a alejarse de su oficio, de su relación de pareja, de su familia, de sus amigos y de todas aquellas cosas que conformaban su vida.

Acudió al bosque para hablar con un ermitaño muy sabio conocido por toda la aldea. Akira buscaba una oportunidad, buscaba una esperanza para salir de su situación.

-Estimado ermitaño... ¿Podría darme una razón para volver a levantarme en esta etapa por la que estoy pasando? Le preguntó Akira.


- Mira tu entorno, ¿ves el helecho y el bambú? Respondió el sabio.


 Sí, los veo. Contestó Akira…

 

- Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. El helecho creció con una rapidez inimaginable. Su verde brillante cubría el suelo. Sin embargo nada salió de la semilla de bambú. Y no renuncié al bambú.


El ermitaño quedó en silencio y prosiguió.

 

 En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Y no renuncié al bambú.


El ermitaño se mantuvo callado de nuevo mientras servía una dulce infusión a su invitado.

 

 En el tercer año, seguía sin brotar nada de nada. Y no renuncié al bambú.

 


Cuando habían terminado de tomar el té, el ermitaño habló para añadir algo más.

 

 En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Y no renuncié al bambú.

 

El sabio parecía disfrutar con la impaciente sorpresa de Akira. 

 

- En el quinto año… un pequeñito brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era insignificante. Y al sexto año, el bambú creció más de 1 metro de altura. Se había pasado cinco años echando raíces debajo de tierra preparándose para nacer y crecer a la velocidad de la luz. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.


– Akira, ¿Sabías que sobre todo este tiempo que has estado luchando, también has estado echando raíces? Le dijo el ermitaño; y continuó añadiendo

 

 El bambú tiene un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos son necesarios y hacen del bosque un lugar hermoso. Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son fundamentales para la vida, le dijo el ermitaño y continuó…

 

La felicidad te mantiene dulce. Los intentos te mantienen fuerte. Las penas te mantienen humano. Las caídas te mantienen humilde. El éxito mantiene tu estima… Si no consigues lo que anhelas en el momento que deseas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces…

 

FIN

Equipo Versiona. Psicología y Coaching en Málaga


Escribir comentario

Comentarios: 0